{"id":144,"date":"2013-06-17T00:00:00","date_gmt":"2013-06-17T03:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/tdesperanza.cl\/?p=144"},"modified":"2013-06-17T00:00:00","modified_gmt":"2013-06-17T03:00:00","slug":"opinia%c2%b3n-saoplica-responsable-por-vinka-jackson-psica%c2%b3loga-y-escritora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/?p=144","title":{"rendered":"Opini\u00f3n: S\u00faplica Responsable, por Vinka Jackson, psic\u00f3loga y escritora."},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Constancia en pedir que se escuche a los ni&ntilde;os &ndash;con especial &eacute;nfasis en los m&aacute;s peque&ntilde;os y con menor repertorio ling&uuml;&iacute;stico-. Que les prestemos atenci&oacute;n, que los acojamos, que les demos tanto amor como cr&eacute;dito, que los cuidemos y respetemos, y seamos sensibles a sus ritmos, tama&ntilde;os, necesidades, malestares, derechos, sue&ntilde;os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Constancia en recordarnos sobre la credibilidad de los ni&ntilde;os, su tendencia a callar o minimizar eventos m&aacute;s que a exagerarlos, especialmente cuando se trata de experiencias disruptivas, conflictivas, dif&iacute;ciles de comprender para ellos, de violencia y vulneraci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En relaci&oacute;n al abuso sexual infantil, algunos ni&ntilde;os -que han sido sometidos a amenazas o intimidaci&oacute;n- develar&aacute;n lo vivido desde la urgencia de auxilio, el miedo y la desesperaci&oacute;n. Muchos otros, podr&iacute;an hablar casi de modo casual, al pasar: mencionar&aacute;n algo a sus padres, o a un hermano mayor, o a sus cuidadoras. Apenas un evento o una frase que puede ser la primera se&ntilde;a de un relato que no podemos predecir si se completar&aacute; en corto tiempo, o en meses, a veces a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Los ni&ntilde;os peque&ntilde;os pueden desplegar una inocencia sobrecogedora al describir relatos sobre eventos y actos que a nosotros los adultos pueden dejarnos temblando, pero que ellos &ndash;los ni&ntilde;os- no podr&iacute;an significar como &ldquo;abuso sexual&rdquo; porque sus sistemas nerviosos y su escasa madurez no permiten decodificar la experiencia en esos t&eacute;rminos, o reconocer intenciones subyacentes a acciones con contenido o relaci&oacute;n con lo sexual. Por ejemplo, &nbsp;alguien puede poner crema o talco a un ni&ntilde;o en su zona genital o anal solamente para prevenir o sanar una cocedura, y alguien m&aacute;s pudo haberlo hecho con dolo y la velada intenci&oacute;n de lograr una satisfacci&oacute;n sexual&hellip; &nbsp;una mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os tendr&aacute; dificultades para reconocer la diferencia entre situaciones (si han sido en un contexto no intimidante) y bien podr&iacute;a darse que el relato de eventos no difiriera demasiado en tono: tanto para el acto inofensivo como para el acto abusivo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Poder realizar distinciones y precisiones a fin de lograr un diagn&oacute;stico serio, requiere de otros elementos, factores y s&iacute;ntomas acompa&ntilde;antes que permitir&aacute;n, en conjunto, reconocer y calificar una situaci&oacute;n como abuso sexual o lim&iacute;trofe (de riesgo), o bien descartarla. Esta tarea es responsabilidad de los especialistas, no de la familia y ni siquiera de los educadores en relaci&oacute;n cotidiana con los ni&ntilde;os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El trabajo de los especialistas en torno al abuso sexual infantil, se&ntilde;ala que los par&aacute;metros para realizar preguntas a los ni&ntilde;os, requieren de extrema delicadeza y rigor. Generalmente los ni&ntilde;os se expresan con mayor facilidad en presencia de personas queridas (en EEUU incluso se ha considerado que puedan dar testimonio en brazos de su mam&aacute;, siempre y cuando ella no sea parte del sistema que permiti&oacute; el abuso) y ser&aacute; una situaci&oacute;n nueva para ellos conversar con un psic&oacute;logo (o un m&eacute;dico, o un abogado). Una situaci&oacute;n donde tomar&aacute; tiempo establecer un v&iacute;nculo y clima que permita al ni&ntilde;o expresarse (hablando, dibujando, jugando).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Habr&aacute; casos donde tal vez baste una o dos instancias para lograr definir lo que ocurre con un ni&ntilde;o. Sin embargo, es muy frecuente que sean necesarias varias sesiones para acopiar suficiente informaci&oacute;n de parte de &eacute;ste &ndash;y de sus familiares u otros cuidadores que puedan aportar antecedentes y haber observado s&iacute;ntomas del peque&ntilde;o, en el tiempo- antes de poder entregar un diagn&oacute;stico preciso: concluyente de abuso, o de su inexistencia (ojal&aacute;). En un gran n&uacute;mero de casos, aunque duela decirlo, habr&aacute; diagn&oacute;sticos no concluyentes y\/o revaluaciones necesarias luego de un per&iacute;odo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Stephen Ceci, psic&oacute;logo norteamericano que se ha especializado en investigar el testimonio, la entrevista forense, y la sugestionabilidad de los ni&ntilde;os, ha se&ntilde;alado que los relatos m&aacute;s veraces y completos suelen ocurrir desde el pedido de auxilio inmediato y urgente (ante una situaci&oacute;n inequ&iacute;vocamente amenazante para ellos) o bien meses despu&eacute;s de la primera develaci&oacute;n y\/o evaluaci&oacute;n. En ambos escenarios, la mayor&iacute;a de estos recuentos de todos modos incluir&aacute;n elementos fant&aacute;sticos, en conjunto con los eventos reales descritos. Asimismo, Ceci ha sido claro &ndash;como muchos otros expertos en pericia psicol&oacute;gica y entrevista forense- en requerir de los entrevistadores y\/o profesionales cercanos a procesos de denuncia por abuso, m&aacute;xima precauci&oacute;n en evitar inducci&oacute;n de respuestas infantiles y contaminaci&oacute;n de los relatos (hablados o gr&aacute;ficos).<\/p>\n<p>Los ni&ntilde;os perciben su mundo mucho m&aacute;s de lo que pueden &ldquo;traducirlo&rdquo;: sienten las expectativas y\/o ansiedad de los adultos (en su voz, tono, gestualidad) e instintivamente &ndash;porque se les juega el cuidado y supervivencia en la aceptaci&oacute;n y acogida del mundo adulto- tender&aacute;n a &ldquo;complacernos&rdquo; o a &ldquo;protegernos&rdquo;. Esto puede implicar que los ni&ntilde;os terminen admitiendo un abuso que no ha ocurrido &ndash;si las preguntas de los padres o un interrogador se&ntilde;alizan los hechos como dados y a un &ldquo;culpable&rdquo; de antemano- , o negando un abuso que s&iacute; haya sido real (al darse cuenta del nivel de conflicto y dolor que la admisi&oacute;n del abuso pueda traer en el hogar o su colegio). Por otro lado, la sugesti&oacute;n puede operar si a un ni&ntilde;o se le dice que otros peque&ntilde;os cercanos a &eacute;l &ndash;por ejemplo primos o compa&ntilde;eros- han vivido una determinada situaci&oacute;n, no podemos olvidar el elemento instintivo de querer sentirse parte del grupo, o de no ser excluido de experiencias grupales, as&iacute; estas sean negativas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hemos insistido, pedido, advertido, casi rogado, que padres, parientes, educadores, cuidadoras y babysitters u otros personas vinculadas a los ni&ntilde;os, no intenten realizar diagn&oacute;sticos de abuso por su cuenta. La sintomatolog&iacute;a -a no ser que presente lesiones f&iacute;sicas inequ&iacute;vocas y\/o que exista una narrativa clara sobre abusos infligidos-, puede ser vasta y diversa. Los s&iacute;ntomas observados &ndash;emocionales, de alteraci&oacute;n de rutinas, de desempe&ntilde;os escolares, de relaci&oacute;n con lo corporal, etc- articulan una suerte de &ldquo;voz&rdquo; que desacata al silencio y compensa por la escasez de palabras de los ni&ntilde;os. Pero esa voz profunda, org&aacute;nica, tanto puede estar se&ntilde;alizando una amenaza latente de trasgresi&oacute;n o una vulneraci&oacute;n ya ocurrida, como tambi&eacute;n podr&iacute;a estar expresando un reclamo o malestar ante otros eventos estresantes de la vida de un ni&ntilde;o\/a. Discernir voces y constelaciones de signos, es un trabajo para el que se requiere preparaci&oacute;n y neutralidad (de una forma que es imposible para uno, como mam&aacute; o pap&aacute;, en situaciones que nos comprometen vitalmente porque se trata de nuestros hijos).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Adicionalmente, tal cual las familias o personas cercanas al ni&ntilde;o no deben sentirse responsables de realizar diagn&oacute;sticos psicol&oacute;gicos ni m&eacute;dicos, tampoco deber&iacute;an sentirse responsables de intervenir como entrevistadores forenses y realizar interrogatorios que no solamente podr&iacute;an contaminar testimonios de modo irreparable (para efectos de una demanda judicial, por ejemplo), sino que tambi&eacute;n, y esto sea acaso lo m&aacute;s grave, se pueden agregar da&ntilde;os al exponer a los ni&ntilde;os a una situaci&oacute;n de victimizaci&oacute;n, por inexperiencia e ignorancia en c&oacute;mo realizar preguntas dirigidas a ellos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quienes somos madres y padres sabemos que preguntar a nuestros ni&ntilde;os peque&ntilde;os simplemente por su d&iacute;a en el jard&iacute;n puede ser un ejercicio no exento de imprecisiones. Preguntar en una sola secuencia, si lo pasaron bien, se &ldquo;portaron bien&rdquo;, o se comieron la comida y el postre, puede ser confuso (con ellos hay que ir de lo muy gen&eacute;rico a lo particular, primero si est&aacute;n contentos, luego otros puntos y por separado: primero preguntamos por la comida principal, luego preguntamos por el postre, o el vaso de leche, la siesta, o si jugaron con tal o cual compa&ntilde;ero).<\/p>\n<p>En numerosas ocasiones, y no es que mientan ni fabulen, nuestros peque&ntilde;os revolver&aacute;n personajes y\/o eventos de distintos d&iacute;as y semanas, u omitir&aacute;n informaci&oacute;n que para nosotros podr&iacute;a ser preocupante (un compa&ntilde;ero los mordi&oacute; o les peg&oacute; mientras jugaban, y est&aacute;n los dientes marcados o los moretones para probarlo) y no as&iacute; para ellos. Muchos de nosotros, padres y madres, recabamos mayor informaci&oacute;n gracias a la libreta diaria, correos con el jard&iacute;n, o preguntando directamente a las educadoras\/es sobre situaciones espec&iacute;ficas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cualquiera sea la situaci&oacute;n (y m&aacute;s si es de riesgo o traum&aacute;tica), no es llegar e interrogar a un ni&ntilde;o. Es importante crear climas, ser c&aacute;lidos y serenos, sensibles a sus ritmos y a su capacidad de inter&eacute;s y atenci&oacute;n (por ejemplo en ni&ntilde;os de 3 a&ntilde;os esta llega a 15 minutos m&aacute;ximo, de 4-5 a&ntilde;os a unos 20-25 minutos, y 6 a 10 a&ntilde;os, 30 a 45 minutos), permitirles expresarse (las preguntas abiertas, gen&eacute;ricas, ayudan), y tambi&eacute;n permitirles retirarse, cansarse y respetar sus tiempos (de otro modo, un ni&ntilde;o puede terminar respondiendo lo que sea, o lo que &eacute;l piensa que queremos que responda, con tal de dar por terminado el interrogatorio). Tambi&eacute;n se deben conocer bien las restricciones y posibilidades del lenguaje a cada edad, el desarrollo cognitivo, y el estado emocional y f&iacute;sico de cada ni&ntilde;o en particular(a veces el sue&ntilde;o o un dolor de guatita basta para interferir la comunicaci&oacute;n).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si los sentidos toman tiempo para formarse (la vista, por ejemplo, no termina de desarrollarse hasta los 9 a&ntilde;os), si los ni&ntilde;os no antes de los 5-6 a&ntilde;os pueden comenzar a comprender la pregunta &ldquo;&iquest;cu&aacute;ndo?&rdquo; y a establecer un sentido de orden temporal (en d&iacute;as de semana, y en ma&ntilde;ana-noche, o &ldquo;antes de- despu&eacute;s de&rdquo;) o de espacialidad (y es com&uacute;n que se mezclen hogares y otros lugares, en el relato de un evento), o si en el per&iacute;odo prescolar, aun cuando exista recolecci&oacute;n y memoria, es dif&iacute;cil el acceso a ella, no podemos pretender que los peques respondan a series de preguntas, o francamente interrogatorios &nbsp;conducidos sin preparaci&oacute;n y, a veces, m&aacute;s determinados por nuestro criterio adulto, que por consideraciones pertinentes al nivel de madurez y caracter&iacute;sticas &uacute;nicas de cada ni&ntilde;o\/a, y de su vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La comunicaci&oacute;n y atenci&oacute;n para con nuestros ni&ntilde;os es cotidiana, y cuando estamos en sinton&iacute;a con ellos, todo va sumando o modificando nuestra percepci&oacute;n sobre su bienestar o incomodidad: los m&aacute;s sutiles giros en la frecuencia de sus sonrisas, en el disfrute de un alimento favorito, en silencios luego de ir a jugar a la plaza. Si notamos que est&aacute;n inquietos, asustados, tristes, ausentes, por los motivos que sean (y no solo sospecha de abuso, por favor), trataremos de explorar por qu&eacute;, y ojal&aacute; contemos con ayuda si la situaci&oacute;n escapa de nuestra capacidad de llegar a conclusiones inequ&iacute;vocas sobre qu&eacute; sucede y qu&eacute; cursos de acci&oacute;n son los m&aacute;s correctos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si tenemos la sabidur&iacute;a, generosidad (pensando en nuestros hijos) y modestia de reconocer la necesidad de gu&iacute;a o apoyo de terceros, tratemos de ir con calma tambi&eacute;n al elegir a nuestros compa&ntilde;eros de camino &ndash;m&eacute;dicos, psic&oacute;logos, abogados, psicopedagogos, etc-. Creo que es bueno realizar nuestras elecciones &ndash;toda elecci&oacute;n, pero m&aacute;s todav&iacute;a en tiempos adversos- pensando en nuestros ni&ntilde;os y en su inter&eacute;s superior, su integridad, el cuidado que los profesionales profesan por la infancia: por cada ni&ntilde;o y ni&ntilde;a (&uacute;nicos) y tambi&eacute;n por nosotros, sus familias, y el tejido &iacute;ntimo de la experiencia (un abuso o sospecha de este, es algo inmensamente complejo y fr&aacute;gil), y la privacidad &ndash;no el secreto, pero s&iacute; la intimidad nuevamente- que se requiere para vivir procesos tremendamente pesados como son el duelo, la reparaci&oacute;n, la justicia y la vuelta a los equilibrios necesarios para continuar la vida, y sobre todo, para que la ni&ntilde;ez vuelva a su cauce.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuidar en todo momento. Cuidar al observar, al escuchar, al conversar con nuestros ni&ntilde;os, al acoger sus verdades. Cuidar cuando elegimos quienes los ayudar&aacute;n. Velar porque denuncias, procesos judiciales, reparaci&oacute;n terape&uacute;tica, cada cent&iacute;metro de recorrido, recuerde que el amparo y bienestar de los m&aacute;s peque&ntilde;os es prioridad. Cuidarlos tambi&eacute;n de nosotros, de nuestro ahogo, nuestra tristeza, nuestra desesperaci&oacute;n. Protegerlos desde el amor y el cuidado exacto y constante, no desde el arrebato o el p&aacute;nico. Cuidar la infancia, los tiempos de juego (que deben seguir existiendo en toda situaci&oacute;n), de risa y danza, de aprender cosas nuevas, de lectura de cuentos, de prodigar cari&ntilde;os. Caminar paso a paso y con calma, sin apuros, pero con tenacidad, al son cotidiano de la ni&ntilde;ez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y sin perder el norte irrenunciable de ese regreso a su ni&ntilde;ez (para todo ni&ntilde;o o ni&ntilde;a que ha vivido una experiencia de abuso sexual), recordarnos que &nbsp;el cuidado &ndash;que es primordial para los peques- tambi&eacute;n debe tocar a los adultos. No hay contenci&oacute;n ni reparaci&oacute;n plausible para un ni&ntilde;o si&nbsp; est&aacute;n ausentes los adultos, o si no est&aacute;n en condiciones de acompa&ntilde;ar a los m&aacute;s peque&ntilde;os s&oacute;lidamente.<\/p>\n<p>Los adultos tambi&eacute;n necesitamos ser cuidados y tratados &eacute;ticamente, con respeto por nuestra integridad y con sensibilidad para alentar nuestros recursos parentales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para movilizarnos y comprometernos en un recorrido dif&iacute;cil junto a nuestros ni&ntilde;os (por ejemplo, una denuncia de abuso o maltrato), no necesitamos que nos demuelan, aterroricen o amenacen. La mayor&iacute;a de nosotros, dispuestos a responder, necesitamos templanza, mesura, exactitud en los pasos que damos. Y si durante el proceso nos sentimos desorientados, confundidos o cometemos errores, no podemos pensarnos &ldquo;c&oacute;mplices del mal&rdquo; o casi criminales, sino humanos que aun falibles, igual nos levantaremos y nos exigiremos m&aacute;s, y m&aacute;s, y todav&iacute;a otro poco m&aacute;s, cuando se trata de proteger y estar presentes para nuestros hijos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El compromiso con el abuso sexual infantil y la capacidad de respuesta para prevenirlo, detenerlo, repararlo, y devolver as&iacute; a un ni&ntilde;o al curso digno de su infancia, pasa por estar muy conscientes de las consecuencias de las elecciones y actos que desencadenamos como adultos responsables: si sirven impecable y claramente al prop&oacute;sito de proteger a nuestros hijos, qu&eacute; bueno. Si otras motivaciones o sentimientos ti&ntilde;en nuestro accionar &ndash;nuestra ira, nuestro instinto de revancha m&aacute;s que de castigo en justicia, nuestro dolor, nuestra precipitaci&oacute;n-, ojal&aacute; podamos revisarlo y enmendar la br&uacute;jula a tiempo. Aqu&iacute; se trata de los ni&ntilde;os, no de nosotros los grandes, o nuestros itinerarios&hellip; o nuestra turba del alma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La turba, no lleva en su esencia m&aacute;s que desahogo y nuevos saqueos, sobre otros escombros. Ella no tiene piel suficiente para ser constructiva, o contenedora; todo lo contrario. Y no querr&iacute;a a mi hija, ni a ning&uacute;n ni&ntilde;o, observando o recibiendo esa energ&iacute;a excedida y muchas veces violenta &ndash;en gestos, palabras, acciones-. &iquest;Qu&eacute; bien podr&iacute;a hacerles, qu&eacute; regalo o fuerza podr&iacute;a venir de ah&iacute; para sus vidas&hellip;?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Confieso que el campo minado es personal, y me asustan (un miedo tan profundo y anciano, recordatorio de tiempos indecibles) las acciones de la prisa y la furia, de las palabras incendiarias, o del mesianismo. Aunque vengan con la mejor intenci&oacute;n de salvar al mundo. La energ&iacute;a de la violencia, que es hebra tambi&eacute;n en el abuso sexual, me pavoriza, venga en nombre de quien sea y de la causa que sea. Y como escrib&iacute;a no hace mucho en un ensayo que no se publica todav&iacute;a, antes me clavar&iacute;a yo misma al incesto nuevamente, que permitirme a causa de &eacute;ste, m&aacute;s violencias o crueldades.<\/p>\n<p>No hablo solo desde mi voz. Conozco a estas alturas de mi vida a suficientes padres, madres, v&iacute;ctimas y sobrevivientes de abuso sexual infantil, como para poder expresar que la energ&iacute;a que moviliza, sana y permite la reparaci&oacute;n de un ni&ntilde;o, es la templanza y el amor. No es que no exista el dolor, ni que lo neguemos por un instante: para el ni&ntilde;o y para su familia y entorno. Conocer del abuso de un ni&ntilde;o o ni&ntilde;a es devastador. Para sus padres, detona una bomba en el cuerpo, en cada rinc&oacute;n, y s&iacute;: hay desgarro, rabia, impotencia, sentimientos demoledores, instintos de muerte tambi&eacute;n (propia o de otro), pero es tan urgente, tan inmediata la necesidad de actuar y responder y cuidar al ni&ntilde;o o ni&ntilde;a que ha sufrido, que de verdad una gran mayor&iacute;a de los padres y madres y adultos no gastar&iacute;an ni un gramo de fuerza vital en propagar odios, jurar cruzadas ni declamar arengas, porque toda su fuerza la necesitan para proteger y acompa&ntilde;ar amorosamente a su hijo o hija. Y no hay olvido de la justicia, y es un norte la separaci&oacute;n y castigo del responsable de los abusos, pero no a costa de la negligencia o descuido sobre la delicadeza del coraz&oacute;n de los ni&ntilde;os, de su salud e integridad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En un seminario del cual particip&eacute; hace algunas semanas, escuch&eacute; a un abogado muy l&uacute;cido compartir el relato de una situaci&oacute;n de denuncia de abuso en regiones, en un curso de un colegio determinado. En menos de una semana, por un efecto de irrefrenable miedo colectivo, hab&iacute;a m&aacute;s de 35 denuncias &ndash;o informaciones de sospecha o posible abuso- lo que es estad&iacute;sticamente impensable a no ser que nadie, absolutamente nadie, hubiese supervisado o siquiera existido en la superficie de ese colegio. El abogado nos advert&iacute;a sobre el riesgo, justamente, de la sugesti&oacute;n, el terror y la precipitaci&oacute;n de muchos adultos &ndash;apoderados, educadores, profesionales- en tratar de obtener informaci&oacute;n de los ni&ntilde;os y verificar si estos hab&iacute;an sido vulnerados o no. El resultado: todos sent&iacute;an &ndash;ni&ntilde;os y padres- que bien pod&iacute;an haberlo sido y emergieron relatos de todo tipo asociados a esa sensaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otra ni&ntilde;a a quien una compa&ntilde;era (ambas de 7 a&ntilde;os) le hizo una broma se&ntilde;alando y nombrando su zona vaginal como &ldquo;chichi&rdquo;, le dijo a su madre que eso era ilegal y un abuso y una &ldquo;violaci&oacute;n&rdquo; (as&iacute; se lo informaron en su colegio, profesionales que trabajan en prevenci&oacute;n). Otro peque&ntilde;o rasgu&ntilde;&oacute; y agredi&oacute; fuertemente a un compa&ntilde;ero (ambos prescolares) porque accidentalmente toc&oacute; sus &ldquo;partes privadas&rdquo;, y la instrucci&oacute;n de su padre hab&iacute;a sido responder atacando a cualquier situaci&oacute;n de esta naturaleza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otros ni&ntilde;os y ni&ntilde;as oyen que se est&aacute; &ldquo;a la caza de pederastas&rdquo; y hacen crisis &ndash;interfiriendo con su reparaci&oacute;n- porque aun no siendo &ldquo;pederastas&rdquo; (lo que implica la presencia de una parafilia y el riesgo o consumaci&oacute;n de abusos sobre ni&ntilde;os sistem&aacute;tica e indiscriminadamente), sienten que esas persecuciones podr&iacute;an ser desatadas contra sus padres o abuelos que cometieron incesto (otro fen&oacute;meno dentro de la tem&aacute;tica del abuso sexual infantil, sumamente complejo por su vinculaci&oacute;n con afectos que no es llegar y cancelar). Me preocupa escuchar, una y otra vez, c&oacute;mo todo se considera lo mismo y se hermanan categor&iacute;as como abuso y violaci&oacute;n, o &nbsp;padre incestuoso\/abusador\/ped&oacute;filo, con da&ntilde;os para ni&ntilde;os v&iacute;ctimas, tanto como para sobrevivientes ya adultos de abuso sexual infantil.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los anteriores son ejemplos de c&oacute;mo se reacciona en tiempos de desconcierto y temor, y aunque podamos comprender la fuente de nuestros comportamientos (y a veces, errores), debemos como adultos preguntarnos sobre qu&eacute; estamos creando o destruyendo con nuestras respuestas. Qu&eacute; clase de mensaje (o nuevas victimizaciones, de orden psicol&oacute;gico o emocional) corremos el riesgo de dejar como huella en quienes justamente m&aacute;s queremos proteger: nuestros ni&ntilde;os. Y tambi&eacute;n, qu&eacute; clase de clima estamos generando para nosotros mismos, y para otras personas necesarias y relevantes en las vidas de nuestros hijos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo quiero que mi hija chiquita &ndash;que el pr&oacute;ximo a&ntilde;o deber&iacute;a comenzar el colegio- sepa que los adultos la cuidan y la respetan, que son capaces de permitirle ir encontrando su equilibrio entre distancias y cercan&iacute;as, y formas de expresar tambi&eacute;n su respeto, afecto o simpat&iacute;a. Pero esta forma de convivencia entre peque&ntilde;os y grandes y el reconocimiento de los ni&ntilde;os como sujetos de derechos, no requiere que el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, ning&uacute;n profesor quiera acoger, consolar o ayudar a levantarse a nuestros cr&iacute;os si se caen en el patio, por temor a &ldquo;tocarlos&rdquo; y ser acusados de abuso sexual, o simplemente enfrentar la sospecha de una conducta impropia que, a las finales, d&eacute; igual si toda inocencia ya est&aacute; perdida antes de concluir investigaciones o comprobarse responsabilidades (como podr&iacute;a ser o ha sido en m&aacute;s de un caso).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los desaf&iacute;os y exigencias de este per&iacute;odo han sido inmensos, inimaginables. Quiero seguir creyendo que representan una oportunidad, si as&iacute; la tomamos, para aprender, crecer, construir una &eacute;tica del cuidado acorde a las necesidades de la infancia, y de toda etapa humana ojal&aacute;. No veo eso siendo posible desde el terror y la violencia, como tampoco lo ve&iacute;a siendo posible desde la indolencia y el silencio de d&eacute;cadas. Hoy en d&iacute;a hemos dado pasos valiosos, y no da igual, e importa, y hablamos, conversamos de abuso sexual (y de otras vulneraciones de la ni&ntilde;ez), y nos preguntamos y tenemos la humildad, muchos de nosotros, de reconocer que no contamos con todas las respuestas, pero que estamos abiertos con sensibilidad y coraje, a buscarlas y encontrarlas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si en verdad aspiramos a transformar nuestros mundos (hogares, escuelas, nuestro pa&iacute;s), esto pide un pulso que sabemos no es f&aacute;cil lograr en medio de la confusi&oacute;n y la congoja. Pero es un pulso que por nuestros ni&ntilde;os &ndash;si as&iacute; tanto nos importan- vale la pena tratar de sentir, domesticar, hacer nacer: l&uacute;cido, bien aplomado, solidario, compasivo, protector, emp&aacute;tico, responsable. Latir as&iacute;, no es indicaci&oacute;n de sensibler&iacute;a ni debilidad; no es despojo temeroso de heridas que, a cierta edad, todos conocemos; no es comodidad ni capitulaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Creo firmemente en que la m&aacute;xima fortaleza viene de otro lugar, y que el cuidado m&aacute;s certero se macera en consciencia y bien despiertos, protegidos de espejismos y estridencias, de arrogancias &eacute;ticas, de ego&iacute;smos (o egotismos) donde no cabe la mirada del pr&oacute;jimo m&aacute;s indefenso (y esa pregunta irrecusable sobre qu&eacute; necesitan los ni&ntilde;os, LOS NI&Ntilde;OS, para sentirse contenidos, protegidos, defendidos, seguros).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me cuesta decir todo lo que querr&iacute;a decir, y se me ahoga algo dentro, entre sombras, polvo de huesos y nav&iacute;os suspendidos que quieren avanzar lejos de ciertos lutos, con brisa y marea cadenciosas. Pero en el horizonte de este presente en mi pa&iacute;s, veo a veces una espada y no es siempre la espada lustrosa y reflexiva del samur&aacute;i, sino aquella desatada y err&aacute;tica de las hordas b&aacute;rbaras. Por eso la s&uacute;plica, el ruego desde el fondo del alma, de situarnos en este camino de otra forma, de mirar otras trazas de horizonte. El abuso sexual infantil pide fuerza, determinaci&oacute;n y responsabilidad en nuestras acciones; y lo mismo piden el cuidado y el amor. Desde ah&iacute;, tomemos la mano de nuestros ni&ntilde;os, o las nuestras, alrededor suyo, con voluntad &nbsp;de buen amparo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"gsp_post_data\" \r\n\t            data-post_type=\"post\" \r\n\t            data-cat=\"noticias\" \r\n\t            data-modified=\"120\"\r\n\t            data-created=\"1371427200\"\r\n\t            data-title=\"Opini\u00f3n: S\u00faplica Responsable, por Vinka Jackson, psic\u00f3loga y escritora.\" \r\n\t            data-home=\"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\"><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Constancia en pedir que se escuche a los ni&ntilde;os &ndash;con especial &eacute;nfasis en los m&aacute;s peque&ntilde;os &#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-144","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-noticias","category-1","description-off"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/144","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=144"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/144\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=144"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=144"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tdecopia.lxh.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=144"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}